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Oraciones para la acción de gracias de la Misa

(Podéis visualizarlo en archivo EPUB o PDF)

 LUNES | MARTES | MIÉRCOLES | JUEVES | VIERNES

¡Señor, qué bueno eres! ¡Cuánto me quieres!

Te has entregado a mí en la Comunión que acabo de recibir. Quiero aprovechar estos pocos minutos que estás dentro de mí para hablar contigo.

¡Qué bien se está a tu lado! ¡Quiero que no haya nada que nos pueda separar, Jesús! Me gustaría compartirlo todo contigo: mis planes, mis proyectos, mis ilusiones, mis esfuerzos, mi futuro…, como lo hacen los buenos amigos.

A veces me he apartado de Ti. Incluso hay ocasiones en que me olvido totalmente de que existes; pero de ahora en adelante, con tu ayuda, estoy dispuesto a morir mil veces antes que perderte. Olvídate, Jesús, de todas las veces que te he ofendido, de mis pecados, egoísmos y despistes. Perdóname, me arrepiento de todo corazón.

A pesar de que conoces mis defectos y miserias, Jesús, me pides que te ame diciéndome: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón”. Sabes que a veces me cuesta demostrarte que te quiero, pero si tú me lo pides, es porque me vas a ayudar: nunca me pides nada imposible. Pero, ¿quién soy yo, Señor, para que quieras que te ame? ¿Cómo es posible que te acuerdes de mí? Todo lo que quieras, yo también lo quiero. Además, tú mismo me has dado ejemplo: por amor, Jesús, quisiste morir por mí, y para alimentarme me has dado hasta tu propia carne.

Señor, yo también quiero dejarlo todo para estar contigo, quiero que nada, ni nadie pueda separarme de tu amor.

Redentor amable, te quiero más que a nada en este mundo. Tú eres la Bondad infinita, por eso eres digno de ser amado infinitamente. Dios de mi corazón, lo mío es tuyo para siempre. La verdad es que contigo lo tengo todo, porque todas esas cosas que a mí me gustan son tuyas; Tú las has creado porque has querido. ¡Aparta, Señor, de mí lo que me aparte de Ti!

Venga a nosotros tu reino. Jesús bueno, toma ahora, por favor, total posesión de mi corazón. Te lo ofrezco todo entero: ¡Tuyo soy, para Ti nací, qué quieres, Jesús, de mí! Coge mi corazón para siempre, únelo al tuyo y al de tu Madre Santísima y apártalo de todo lo que no venga de Ti.

Tú conoces que soy flojo, lo poco que duran mis propósitos y la facilidad con que me olvido de tus cosas; sabes también la fuerza con que mis pasiones me tiran para abajo cuando yo quiero hacer el bien. ¡Ayúdame y no permitas que nunca me aparte de Ti!

Protege también a mis padres, hermanos y amigos. Te pido para ellos la felicidad ahora en la tierra y después en el Cielo. Acuérdate también de todos los que te necesitan, de los que tienen problemas serios o están pasando un mal momento, de todos los enfermos.

Señor, ven en mi ayuda para que con tu gracia y con la protección de tu Madre y de mi Ángel de la Guarda, te sea fiel.

Virgen Santísima, esperanza mía, pídele a Dios este doble favor: la santa perseverancia y un amor muy grande. No pido más.

 

 LUNES | MARTES | MIÉRCOLES | JUEVES | VIERNES

Señor mío, ¿cómo he podido ofenderte tantas veces, sabiendo que el pecado es lo que más te desagrada? Te pido que me perdones y que me ates a Ti con los lazos fuertes del amor; que mis bajezas y mis miserias no te aparten de mí.

Deseo, Jesús bueno, darme a Ti por entero, ya que Tú te sacrificaste por mí. Te pido que no permitas que me separe jamás de Ti. Te amo, Dios mío, y quiero amarte cada vez más. Enséñame a quererte. ¿Cómo podría vivir separado de Ti y sin tu gracia, ahora que he conocido lo mucho que me quieres?

Te doy gracias, porque me soportabas y me querías cuando te traicionaba viviendo en pecado lejos de Ti, y porque me das la oportunidad de quererte de ahora en adelante. Si antes hubiera muerto, ya no podría amarte. Te amo, Bondad infinita, te quiero más que a mí mismo, y por eso te entrego todo mi ser: mi cuerpo, mi alma, mi voluntad. Haz conmigo lo que quieras, lo dejo todo en tus manos. Tú eres mi Padre y sabes mejor que yo lo que más me conviene.

¡Cuánto me quieres, Dios mío! Por amor a mí quisiste que tu único Hijo se hiciera hombre para salvarme, para poder sufrir y morir pagando con su propia vida por mis pecados y los de todos los hombres. Así me ganó la filiación divina; por eso ahora yo también soy hijo tuyo: ¡Hijo de Dios! ¡Yo soy hijo de Dios! Tú eres mi Padre, puedo decirte con Jesús: ¡Abbá, Padre! Dios mío, eres el mejor de los padres y yo quiero ser el mejor de los hijos.

Un hijo orgulloso de su Padre. Un hijo dispuesto a darte alegrías. Padre, me abandono en Ti, confío en Ti, descanso en Ti. Padre, soy un hijo pequeño, débil; a pesar de mi buena voluntad y de lo mucho que te quiero sigo ofendiéndote. Pero sé que tu amor es más grande que mis miserias, que tu misericordia es infinita.

Sé que, con tu gracia, conseguiré comportarme como Tú esperas de mí, por esto estoy dispuesto a recomenzar las veces que haga falta. Aquí me tienes, ¡ayúdame! Ayuda también a todas las personas que yo quiero: mis familiares, mis amigos. Por favor, atiéndeles en todas sus necesidades, en primer lugar en las espirituales: ¡que estén cerca de Ti! Esto es lo que realmente hace feliz a una persona: tu cercanía.

Haz que te ame como un cristiano debe amarte, y que igual que Jesús, cuando estaba en la Cruz dijo: “Todo está consumado”, yo también pueda decirlo cuando me muera porque a partir de ahora guardaré tus Mandamientos y serviré a los demás como Tú nos enseñaste.

María Santísima, Tú que me conoces bien porque eres mi Madre, y que todo lo puedes delante de Dios, pide para mí que en las tentaciones sepa refugiarme siempre en Dios, que es mi Padre, acudiendo a su ayuda.

 

 LUNES | MARTES | MIÉRCOLES | JUEVES | VIERNES

Jesús, mío, me voy dando cuenta de todo lo que has hecho y has tenido que sufrir para ganar mi corazón, ¡y yo que me he mostrado tan ingrato contigo! ¡Cuántas veces he rechazado tu gracia y tu amistad y las he cambiado por un placer despreciable o por un mal deseo!

Me importaba mostrarme agradecido con las personas con las que estaba bien por el placer que encontraba en ellas, y solamente me he mostrado ingrato contigo. Perdóname, Dios mío: me duele verme tan desagradecido y mezquino, y me arrepiento de todo corazón; confío en tu clemencia, ya que Tú eres la Bondad infinita. ¡Gracias, Señor, porque siempre encuentro tu perdón en el sacramento de la Confesión! Cuando acudo a confesarme escucho tus palabras amables y llenas de misericordia: “Yo te perdono”.

Te doy gracias porque no me has condenado al Infierno, que es lo que he merecido tantas veces. ¡Cuánta paciencia has tenido conmigo! ¡Qué obligado estoy a amarte! Amor con amor se paga. Hace tiempo que veo que me llamas, que quieres tenerme más cerca de Ti. Te he hecho esperar, pero ya no lo haré más: ¡Aquí me tienes, Señor! No quiero resistirme más a tu amor; me entrego por completo a Ti, ya que eres mi Creador y soy tuyo.

Dios mío, cuánto tiempo he perdido sin amarte. Pensaba que me estorbabas, que si me acercaba a Ti y hacía tu voluntad no sería feliz. No me daba cuenta de que vale la pena; que intentar ser santo –esto es hacer tu voluntad- es una aventura que llena totalmente las aspiraciones del corazón. No me creía que Tú eras un gran pagador; das el ciento por uno en esta tierra y luego la vida eterna.

¡Señor, cuenta conmigo! Enséñame a propagar esta verdad entre las personas que me rodean, que sepa hacer felices a mis parientes, amigos y conocidos acercándoles a Ti. Haz que no me deje llevar por la comodidad ni por los respetos humanos, por esas falsas vergüenzas que me entran a veces al intentar hablar de Ti porque soy cobarde.

Pero yo no puedo nada sin la ayuda de tu gracia. ¡Que esté siempre junto a Ti, a tu lado; que tenga siempre tu ayuda y la de tu Madre Santísima! No me dejes nunca solo. ¡Auméntame la fe, la esperanza, la caridad! Tú prometiste amar a quien te amara. Pues bien, te quiero; perdona mi atrevimiento, quiéreme Tú también.

Haz que siempre te quiera para que así Tú me quieras más; que sepa demostrártelo cada día con obras, no sólo con deseos y palabras bonitas. Te lo demostraré cumpliendo los pequeños deberes de cada instante.

San José, tú que tanto amaste a María y a Jesús que les dedicaste toda tu vida, y les serviste con tu trabajo bien hecho, con tu obediencia pronta al Padre, con tu pureza y nobleza de corazón: ayúdame a ganarme el amor de María Santísima, para que entre los dos me llevéis a Jesús. Así sea.

 

 LUNES | MARTES | MIÉRCOLES | JUEVES | VIERNES

¡Gracias, Dios mío, porque estás verdaderamente presente dentro de mí, con tu Cuerpo, con tu Sangre, con tu Alma y con tu Divinidad! Te adoro con devoción, Dios escondido. Me quieres tanto que has querido hacerte Pan para que yo pueda comerte, y así poder estar dentro de mí y alimentarme, y darme fuerzas. Gracias por la Comunión, por tu presencia en la Eucaristía, por querer quedarte en el Sagrario –siempre disponible- para hacerme compañía. Gracias por humillarte tanto a fin de engrandecerme, gracias por hacerte hombre para que yo me pueda divinizar.

Tú que me creaste, sabes lo mucho que te necesito, por eso te has quedado en la Eucaristía por mí… Dios mío, aquí me tienes después de haberte ofendido mucho. Aquí estoy, como María la hermana de tu amigo Lázaro, atento a tus palabras. Quiero aprender de Ti, escuchar tu voz: ¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!

¿Estás contento conmigo? ¿Quieres decirme algo? Perdona mi falta de atención, mi egoísmo que me lleva a encerrarme en mis cosas. Quizá te he hecho esperar mucho, pero ahora aquí me tienes: enciéndeme, cámbiame, transfórmame. Mírame con compasión, como miraste a Pedro después de sus repetidas traiciones, y cámbiame. ¡Dame un corazón puro, un corazón nuevo que sea capaz de amarte!

¡Señor, que vea! Te repito la súplica del ciego de Jericó: ¡Que yo vea, Señor, cuás es tu voluntad para mí en cada momento!, y sobre todo, que vea en qué consiste ese designio de amor para toda mi vida, que es mi vocación. Y dame generosidad para decirte que sí y serte fiel en el camino que quieras indicarme.

Llévame junto a Ti. Dame paciencia y serenidad para afrontar los problemas y los disgustos. Ayúdame a saber mortificarme por tu amor. Que no tenga miedo al sacrificio. Haz que sea humilde. Acepta, Dios mío, el amor de este pecador que, aunque hasta ahora se ha olvidado mucho de Ti, quiere amarte y serte fiel. Dios mío, espero quererte siempre: que esta Comunión sea una prenda de la vida eterna.

Jesús, te pido por la Iglesia, que es tu Esposa Santa. ¡Está tan maltratada y necesitada! Cuida del Papa, de sus colaboradores y de todos los Obispos que en comunión con él velan por tu Pueblo; que junto a todos los sacerdotes sean buenos y fieles. Protege a las religiosas y religiosos. Haz que todos los hijos de tu Iglesia seamos conscientes de nuestra dignidad de cristianos y nos comportemos como tales. Defiende a las familias. Danos la paz para todos los hogares y para todos los pueblos. Haz que veamos la vida como un gran don tuyo y protégela en los niños aún no nacidos, en los enfermos y en los ancianos. Ayuda también a las personas que yo quiero: mis padres, hermanos y amigos; te pido por sus necesidades y por su felicidad eterna.

“¡Oh Jesús…, fortalece nuestras almas, allana el camino y, sobre todo, embriáganos de Amor!: haznos así hogueras vivas, que enciendan la tierra con el divino fuego que Tú trajiste”. Y porque te amo, deseo que todos te conozcan y te amen. Por lo tanto, haz que trabaje para Ti y me dedique a salvar almas con mi ejemplo y con mis palabras. Todo esto lo espero por los méritos de Jesucristo, y por la intercesión de Santa María, mi Madre.

 

 LUNES | MARTES | MIÉRCOLES | JUEVES | VIERNES

Jesús, Tú quieres que todos los hombres se salven, pero ¿cómo has podido elegirme para ser santo? Yo que tantas veces te he ofendido y me he olvidado de Ti. Señor mío, me arrepiento con toda el alma de mis pecados pasados, que espero que estén perdonados por tu inmensa misericordia. Me gustaría oír lo que dijiste a María Magdalena: “Tus pecados te son perdonados”.

Señor de la verdad, Tú que nos has dicho que eres “el Camino, la Verdad y la Vida”, Tú que amas la verdad y aborreces la hipocresía, ayúdame a parecerme también a Ti en el amor a esta virtud. Que “sea mi sí, sí, y mi no, no” como Tú nos enseñaste; que no quepan en mis palabras, ni en mis hechos, la mentira ni la hipocresía.

Haz que viva según mi condición de cristiano y que no disimule mi fe; que te sea siempre fiel aunque mi conducta algunas veces choque con el ambiente. Dame un amor tan grande a la verdad que, desde ahora, no diga nunca una mentira por pequeña que sea.

Pastor divino, Tú has descendido del Cielo para buscarme como a una oveja perdida, y cada día desciendes al altar; diste tu vida para salvarme: no me abandones. En tus manos encomiendo mi alma; acéptala en tu clemencia, y no permitas que jamás me separe de Ti.

Derramaste toda tu Sangre por mí: acabo de asistir a la Misa, que es el memorial de tu Pasión, Muerte y Resurrección. Aquí estoy, al pie de la Cruz: “Jesús, que tu Sangre de Dios penetre en mis venas, para hacerme vivir, en cada instante, la generosidad de la Cruz”. Madre mía, dame fuerzas para seguir a tu Hijo camino del Calvario; ayúdame a no dejarle solo con la Cruz.

Igual que hiciste con Juan, el discípulo amado, guíame por el sendero estrecho y pedregoso de la renuncia, de la entrega, de la mortificación. Que cargue con la cruz de mi trabajo bien hecho cada día, con la cruz de hacer agradable la vida a los demás con mis pequeñas renuncias y sacrificios, con mis detalles de servicio, la sonrisa cuando estoy cansado…

Señor, sé que debo seguirte. Quiero pisar donde Tú pisaste, pero debo caminar contra corriente, tengo que decir no a lo fácil y placentero, a lo que me pide el cuerpo y a lo que tantas veces me sugiere el ambiente. Sé que el camino de la felicidad no es el más cómodo, lo sé pero… ¡Ayúdame! Es tan fácil dejarse llevar…

Jesús mío, deseo complacerte, te amo y no quiero amar nada que me aparte de Ti. Hazme humilde y paciente en la contrariedad de cada día. Es más, haz que vea en las cosas que me cuestan bendiciones tuyas, que las lleve con alegría, y que pueda afrontarlas con una sonrisa, con la gratitud de saber que en esos momentos estoy ayudándote a llevar la Cruz camino del Calvario como lo hizo Simón de Cirene.

¡Señor, aparte de mí lo que me aparte de Ti! ¡Ayúdame con tu gracia! Todo esto te lo pido y lo espero por los méritos de tu Pasión. Jesús amabilísimo, Jesús Bueno, escúchame.

Madre mía y esperanza mía, María, escúchame Tú también y ruega a Jesús por mí.

 

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